Para que luego digan que somos "intolerantes"

27/1/2009 TOLERANCIA ENTRE RELIGIONES EN EL NORTE DE ÁFRICAJUDÍOS EN PAZ

Unos 5.000 hebreos de Marruecos mantienen viva la comunidad
• Sus líderes califican la convivencia con los musulmanes de "modélica" y de "ejemplo para Oriente Próximo"
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BEATRIZ MESA
CASABLANCA
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Con la ofensiva de Gaza, hombres de negocios marroquís fueron los primeros en llamar al boicot de los productos de Israel y en pedir la ruptura de las relaciones comerciales y culturales con el Estado judío. Pero no estuvieron solos en este envite. Los propios judíos de Marruecos, lejos de mostrarse impasibles ante el drama, se desmarcaron de sus "hermanos" de Israel y calificaron los ataques del Ejército hebreo de "barbaridad". Simo Levy, secretario general de la Fundación Cultural Judeomarroquí, expresó públicamente su solidaridad con el pueblo palestino. Rodeado en su despacho de un océano de libros sagrados, defiende por encima de todo su condición de marroquí. ¿Cómo es la convivencia con los musulmanes? "Modélica para el resto del mundo".
Lo mismo piensa Pilar, una judía de Tánger, que recuerda a los "miles de hebreos" que participaron, de distintas formas, en la lucha por la independencia de Marruecos. En el reino alauí, los barrios hebreos, con sus restaurantes, escuelas, clubs sociales, asilos, hospitales y sinagogas --algo menos de un centenar se mantienen activas--, coexisten en un Estado islámico "en armonía", afirma.
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Llegaron a ser 300.000
"Los países árabes evitaron que la comunidad judía desapareciera", asegura Levy en el Museo Judío de Casablanca, el único de toda África y del mundo árabe. Muestra parte de la memoria hebrea: la Torá --el libro sagrado de la ley judía-- en diferentes tamaños, trajes tradicionales, las estrellas de David, objetos de orfebrería y cientos de documentos históricos que explican la convivencia entre los 300.000 judíos que llegó a haber en el reino alauí y los musulmanes. "Hoy solo quedan unos 5.000, pero la comunidad está viva, y prueba de ello es este museo", dice.
Cuando se le pregunta a Levy por qué se han ido tantos judíos de Marruecos, esgrime varias causas, pero una es a su juicio fundamental: La presión sionista con el fin de atraer a los judíos de todo el mundo al territorio de Israel en los años 60. "El rey Mohamed V se oponía a ello, pero la historia cambia con su muerte en 1961. Su hijo, Hassán II, sí aceptó nuestra partida", explica.
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"Hasta la muerte"
A Esther Hadad, judía de Tánger, no le quedan familiares en Marruecos. Están todos en Israel. Pero muestra con orgullo un folleto que recoge la leyenda de la llegada de los judíos al país. Mucho antes que los romanos. Desde hace más de 2.000 años están asentados en tierras bereberes. "Y los últimos nos quedaremos hasta la muerte".
Semanas atrás, Pilar explicaba a este periódico los entresijos de la Januká, mientras la celebraba bebiendo té y comiendo buñuelos caseros con un grupo de mujeres en el Centro de Estudios Hebreo de Casablanca. La fiesta de la Januká o de las luminarias rememora la consagración del bíblico templo de Jerusalén, en el siglo II antes de Cristo. "Las mujeres nos reunimos un día en estas fiestas. Leemos un pasaje de la Torá, rezamos y cantamos", explicaba.
Todas llevaban faldas hasta los tobillos. "Está prohibido llevar pantalones, porque muestran demasiado la silueta de la mujer", decía Pilar. "Un punto en común con las musulmanas conservadoras", añadía riendo.
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El milagro del aceite
Caía la noche y era el momento de encender la luz de Januká, en recuerdo del milagro del frasco del aceite, "cuando una porción del aceite de oliva sacramental, que debía iluminar el templo durante un día, duró ocho". Desde entonces, en las casas judías se vislumbra en esas fechas un candelabro de ocho brazos que se coloca junto a una ventana que dé a la calle.
"Estas fiestas son como vuestras Navidades", asegura Levy. Es el día grande de los millones de judíos de Israel y del resto del mundo. Pero en Marruecos se celebra con una particularidad: "Los musulmanes también participan. Nos felicitan y toman el té con nosotros", explica el rabino de Casablanca, Mon Senego. Un vivo ejemplo que, a su juicio, debería servir a Oriente Próximo para poner fin al drama.La fiesta de las mujeres concluyó con estas alentadoras palabras del rabino de Casablanca: "El pueblo hebreo debe trabajar la luz interior. Defender la paz. La religión insiste en que hay que iluminar por todas partes y dar ejemplo al resto de las naciones".
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